Las
siguientes son las variables que configuran el contexto actual
del problema del trabajo infantil en Chile y el mundo:
Contexto
del diagnóstico
Antes de realizar este proyecto, y por eso su gran relevancia,
no existía un diagnóstico preciso y de cobertura
nacional acerca de la situación de los niños,
niñas y adolescentes trabajadores, sus características
y dimensiones.
Hasta ahora sólo se contaba con algunos estudios generales,
realizados con metodologías tradicionales y que hacía
que este fenómeno se subestimara, pues las familias
no declaraban el problema, además se detectaba que
los propios niños no manejan un concepto de trabajo
como para declararse parte de la fuerzan laboral, se hacía
imposible cuantificar el trabajo de corte domestico y muchas
formas de trabajo infantil no se consideraban como tales.
Los datos de los que se disponían provenían,
principalmente, de encuestas de hogares. La Encuesta de Caracterización
Socioeconómica (CASEN), es la que entrega mayor información
sobre el tema, ya que cubre permanentemente aspectos de empleo
de los niños entre 12 y 17 años incorporados
a la fuerza de trabajo.
Sólo en el año 1996 se incorporaron preguntas
específicas de trabajo infantil, lo que permitió
ampliar el rango de edad de 6 a 17 años. Pero estas
no se volvieron a aplicar al considerar las cifras poco representativas
de la realidad nacional.
Respecto de las peores formas de trabajo infantil, no existen
diagnósticos que den cuenta de la magnitud de esta
problemática. Esto se debe, tanto a problemas técnicos
en la tipificación de los organismos policiales y juzgados
de menores, como a insuficiencias en el registro de ingresos
a la red de atención del Servicio Nacional de Menores
(SENAME).
Por otra parte, dada la condición de tabú,
invisibilidad e ilegalidad de las peores formas de trabajo
infantil, existe una gran dificultad e imposibilidad de detectar
mediante los instrumentos convencionales de medición,
como las encuestas a hogares u otras, las formas de trabajo
infantil informales e ilegales que existen en el país.
Como son el comercio ambulante, los niños/as y adolescentes
en prostitución, micrográfico de drogas, entre
otros.
Estos obstáculos fueron los que se quisieron detectar
con este diagnóstico y poder formular políticas
públicas de apoyo que nos ayuden como país a
superar este fenómeno.
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Cifras de esta
realidad
Según las últimas estimaciones entregadas por
la OIT, en el informe mundial "Un
Futuro sin Trabajo Infantil", en el mundo 246 millones
de niños y adolescentes, de 5 a 17 años están
incorporados al trabajo. Tres cuartas partes de ellos están
atrapados en sus peores formas, que incluyen, entre otros,
los trabajos peligrosos tanto por sus condiciones como por
su naturaleza, la esclavitud, el tráfico de personas,
la servidumbre por deudas, la prostitución, la pornografía
y otras actividades ilícitas. En América Latina
y el Caribe uno de cada cinco niños (20 millones) ente
5 y 14 años trabaja.
Aunque comparativamente a nivel internacional los datos obtenidos
en esta investigación son menos preocupantes que los
de otras naciones en desarrollo, el panorama revelado tampoco
es alentador: en Chile hay más de 196 mil niños
y adolescentes trabajadores, de los cuales poco más
de 107 mil lo hace en condiciones inaceptables. Ellos se ven
afectados por dos o más de estas características:
no han cumplido la edad mínima de admisión legal
al empleo de 15 años, no asisten a la escuela, trabajan
en la calle, de noche o por más tiempo que la jornada
legalmente establecida para todos los trabajadores. Son niños
y adolescentes que se ven seriamente limitados en el ejercicio
de sus derechos a la educación, recreación,
salud física y mental. Tampoco crecen en un ambiente
de cariño ni de protección, lo que limita las
oportunidades de progreso y desarrollo.
En Chile, como en otras partes del mundo, el trabajo infantil
y adolescente se explica por la necesidad que tienen familias
muy pobres de asegurar la subsistencia. Algunas de ellas presentan
problemas de desintegración de sus hogares, abandono
por parte de alguno de los padres, violencia intrafamiliar,
alcoholismo e incluso drogadicción. En estos casos,
el trabajo infantil y adolescente no es sino la expresión
más visible de una realidad social ligada a una miseria
aún más profunda que la sola falta de ingresos.
También hay otra realidad, niños y adolescentes
que apoyan a sus familias en sus actividades productivas,
y contribuyen así a mejorar los ingresos familiares.
Habitualmente, ello ocurre en condiciones de mayor armonía
familiar y se asocia al aprendizaje de un oficio que puede
ser desempeñado a futuro.
Sin embargo, en muchos de estos casos, el trabajo infantil
y adolescente involucra largas y agotadoras jornadas de trabajo,
inadecuadas para niños y adolescentes, y se constituye
en un obstáculo para una normal inserción educacional
y social. En otros, las labores se desarrollan en la calle,
durante la noche o en ambientes peligrosos.
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Marco institucional
Con la finalidad de dar cumplimiento a los convenios internacionales
y reforzar la política nacional en el tema, en junio
1996, el Gobierno de Chile firmó junto a IPEC-OIT un
Memorando de Entendimiento (renovado en el año 2002).
Bajo este contexto, ese mismo año se constituyó
por Decreto Presidencial Nº 131, el Comité Nacional
para la Erradicación del Trabajo Infantil y la Protección
del Menor Trabajador, en la actualidad el Comité Nacional
Asesor para la Prevención y Erradicación Progresiva
del Trabajo Infantil, conformado por representantes gubernamentales,
empleadores, trabajadores y de la sociedad civil, también
participan de la OIT/IPEC y UNICEF como organismos asesores.
En el 2001, el Comité, como parte de su compromiso,
elabora el Plan
de Prevención y Erradicación Progresiva del
Trabajo Infantil y Adolescente en Chile que se enmarca
dentro del contexto de la Política
Nacional de Infancia establecida para el período 2001-2010.
Para avanzar en el objetivo de erradicación del trabajo
infantil, se ha llevado a cabo una serie de acciones y proyectos
como: seminarios, campañas de sensibilización,
actividades de capacitación, estudios sobre el tema,
entre otros. Estas se han realizado con el Gobierno, empresarios,
trabajadores, sociedad civil, organismos internacionales como
Unicef y OIT.
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